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lunes, 2 de junio de 2014

¿RETORNO AL PASADO?



Algún defensor de la reelección indefinida decía que es un error personalizar ese tema, que debía verse como la disyuntiva entre continuar con el proceso revolucionario o regresar al pasado. ¿En realidad pensarán así quienes impulsan esa enmienda? No creo. Estoy seguro que ellos ven, como buenos adherentes, que la única oportunidad para continuar en el poder es la reelección de quien, luego de siete años, se ha convertido en casi una divinidad y, por extensión, su movimiento en una religión.

Luego que el 23 de febrero experimentaran un “revés”, eufemismo con que se quiso maquillar una evidente derrota, AP tuvo la oportunidad de decidir si convertirse en un movimiento político serio, con espacio para la discusión interna, bases debidamente estructuradas e ideología definida, o continuar por el camino del caudillismo por el que transitan desde hace siete años. Todo indica que se optó por la segunda alternativa. Esto significa que habrá “revolución ciudadana” mientras exista correísmo, y en esa misma lógica, seguirá habiendo correísmo hasta que su líder logre mantener su popularidad, condición inevitablemente asociada a la sostenibilidad que proporcione el flujo de recursos provenientes del petróleo, y a futuro de la minería.

Como era de esperarse, a la algarabía se sumaron la directiva nacional de AP, adherentes, dirigentes, funcionarios. Todos en coro han manifestado su apoyo incondicional a la propuesta sobre la cual en realidad no existía ninguna posibilidad de oposición o cuestionamiento. Fue suficiente que el presidente en su sabatina del 24 de mayo en la Asamblea haya dicho que estaba de acuerdo con esa enmienda, para que reverentemente todos se alineen con esa posición. Es probable que alguno que otro miembro de la agrupación considere ético llamar a una consulta popular o inclusive estar en desacuerdo con la propuesta en sí. Sin embargo, como sabemos las discrepancias que pueda haber entre el presidente y sus seguidores se resuelven, en principio con la amenaza de renuncia del primero, y posteriormente con la discreta separación de los espacios de poder (expulsión del paraíso) de los segundos. Cien o más brazos levantados con las palmas mirando a Carondelet es lo que veremos el momento en que la asamblea resuelva ir por la enmienda.

“El poder es para ejercerlo” solía decir un personaje en filas oficiales. Aquello, según él, implicaba no detenerse ante las limitaciones legales. Por ahora consultar al pueblo sobre una reforma constitucional no está en la hoja de ruta de AP. Asumen que por tener mayoría  en la asamblea, ipso facto el pueblo les concedió licencia para hacer cualquier cosa con la Constitución (en la que no consta la figura de la reelección indefinida), cuya aprobación, parecen no recordar, fue sometida a referendo popular en septiembre del 2008. Y es comprensible esa posición. Todos, desde el jefe hasta el último de los adherentes están conscientes que no existen cuadros que tomen la posta, que ese invento llamado “revolución ciudadana”, tiene un exclusivo gerente propietario, y en consecuencia, sin su presencia AP se perdería en el mar de contradicciones políticas y de intereses por donde navega. Por eso, y por nada más, recurren a ese arbitrio que es reformar la Constitución para solucionar un problema particular de AP. No obstante, por lo que pueda suceder, el ministerio encargado de la propaganda oficial, parece estar ensayando la promoción del segundo a bordo. ¿Pensarán que ahí existe material para construir un buen candidato? Hummm…  

Enmienda, según la primera definición de la RAE está referida a: la “acción y efecto de enmendar” entendiendo por esto “arreglar, quitar defectos, resarcir, subsanar los daños”, y así lo entendemos todos. Lo que propone el jefe no es una “enmienda”, es una “reforma”, esto es, reemplazar un texto existente en la Constitución por otro. Se supone que en derecho las cosas se deshacen de la misma forma como se hacen. Si la norma fue aprobada en referéndum, igual procedimiento debería aplicarse para su reforma. Sin embargo, es claro que priman el cálculo político y temor de que se repita la última experiencia electoral.

De mantenerse en el propósito anunciado, desde ya AP y su único líder tendrán que hacer malabares para quitar del imaginario ciudadano la idea de que se viene una dictadura solapada, y con ello el retorno al pasado.

domingo, 25 de mayo de 2014

LA REELECCIÓN



Después de -seguramente- muchas noches de desvelo, de meditación profunda, de consultar a los astros, a las diosas del Olimpo, y a sus consejeros de cabecera, por fin, decidió estar dispuesto a sacrificarse cuatro añitos más en esa "durísima responsabilidad" que es dirigir la república. Muchas veces ha repetido que está cansado, que es desgastante la función, que es duro lidiar con la "prensa corrupta", con las traiciones, los desengaños... Pero claro, no podía defraudar a la fanaticada, a los cientos de compañeritos ubicados en puestos y actividades claves, que casi con llanto en los ojos le decían que vaya por la reelección, que sin él, el futuro de todos ellos y de su descendencia era incierto, que su amada revolución quedaría inconclusa, que en filas revolucionarias no había nacido aún el sucesor, que no existía como en Venezuela un hombre Maduro que herede el poder, que los fieros "odiadores" lo primero que harían sería perseguirles, exigir cuentas. Y claro, ante semejante clamor, no pudo resistirse y, por fin, a regañadientes cedió.

No crean que es fácil eso de pasar a la historia como el presidente que más tiempo ha estado en el poder, tener que recibir otros tantos honoris causa, posar tres veces para la foto en el salón de los presidentes, dirigir cinco funciones del estado al mismo tiempo, enfrentarse a organismos internacionales defensores de los derechos humanos, hablar todas las semanas durante tres o cuatro horas a gente reunida con mucho esfuerzo para escuchar el sagrado sermón, perseguir y enjuiciar a “saboteadores y terroristas” que gracias a él descubrimos que existían por montones en lo que antes se creía una “ínsula de paz”; rebatir diariamente a cuatro medios impresos, unas tres radios y dos estaciones de Tv, que le hacen la vida imposible; a ecologistas infantiles que no entienden que los recursos para el “progreso” que van a obtener de las explotaciones petroleras y mineras son más importantes que la vegetación, los ríos, los pajaritos y los indios semi lluchos que ahí habitan.

A todos nos consta que la modestia es la mayor de sus virtudes, que desprecia los halagos y a los zalameros, y que si no fuera porque el paisito está lleno de infames que buscan volver al pasado, él ni siquiera hubiera considerado reelegirse. Pero bueno, se acabó la incertidumbre, gracias a la buena nueva, la paz y alegría han regresado a filas revolucionarias. Hoy domingo los templos estarán llenos de feligreses dando gracias al todopoderoso por el milagro; por todas partes, hasta en los recintos más remotos se enarbolarán banderitas, se lanzarán petardos, la gente se vestirá de fiesta. La esperanza casi perdida después del “revés” de hace tres meses ha vuelto a renacer. Ya pronto, en unos días nomás, comenzará la campaña electoral, las cuatro o cinco cadenas nacionales con que ahora nos alegran la vida se multiplicarán por cien, las bonitas carreteras se adornarán con enormes pancartas anunciando la obra, a lo mejor hasta nos regalen cocinas de inducción y ollas de acero, por fin la felicidad será de todos.

Ha anunciado que el mal menor se elegirá en el 2017 ¿cuál?      

domingo, 30 de junio de 2013

La Ley de Comunicación

Luego que la Ley de Comunicación ha sido oficialmente consagrada, se siguen incorporando nuevos padrinos. Todos los días, desde que amanece hasta que anochece, por todos los medios, se escuchan "voces" de artistas, gente de radio, tv, y de algunos aspirantes a periodistas, que se congratulan, unos, porque sus canciones pronto serán escuchadas y sus producciones vistas –obligatoriamente- por todos; otros, porque “por fin se democratizará la información”. Lo curioso es que muchos de los artistas y comentaristas que aparecen en las propagandas se dieron a conocer gracias a las producciones y la difusión de los "medios corruptos"; más resulta que han estado invisibilizados, y de paso, explotados. Lo que no les dijo quien los contactó, es que el éxito, con ley o sin ella, no se consigue por decreto ni a través de producciones baratas (en calidad) y, en el caso de audiovisuales, recurriendo al chiste burdo, sexista, o racista.

La avalancha propagandística que estoicamente viene soportando la ciudadanía, con música sacra de fondo y tomas del jolgorio montado por el gobierno, trata de posesionar en la mente de la gente lo buena e inofensiva que es la ley, y que gracias a la “revolución” se ha rescatado la libertad de opinión, la cual, según se dice, "ha estado secuestrada por los medios mercantilistas". Cosa curiosa, pues fueron estos mismos medios y sus presentadores “estrellas” los que impulsaron la candidatura de quien actualmente detenta el poder. Esto sin contar que desde hace cinco años han estado al servicio del gobierno una veintena de medios incautados, entre estaciones de televisión, radioemisoras y periódicos, la mayoría de alcance nacional, y que durante los últimos siete años, ya utilizando las tarimas o mediante permanentes cadenas nacionales de radio y tv, quien ha tenido mayor exposición mediática para hacer campaña electoral, atacar o adjetivar a sus detractores, promocionando la obra gubernamental, es quien hoy se proclama el Simón Bolívar de la libertad de expresión.

La nueva ley es algo así como una bonita camisa de fuerza. Dice, por ejemplo, que los medios están obligados a publicar todo aquello que sea de “relevancia pública”. Qué puede ser más relevante y de interés público que cualquier cosa que haga o diga el supremo jefe, o que salga del ministerio de propaganda. Gracias a ello, ahora sí, estaremos enterados de las cosas más insignificantes, revestidas de trascendencia gracias a una solemne voz en off, titulares grandilocuentes, o imágenes rebuscadas. En resumen, ya no tendremos una sabatina semanal, sino una cadena continua durante toda la semana. La novel ley, también incorpora una figura jurídica que parece el título de un cuento de terror, el “linchamiento mediático”, frase que en buen romance significa que está prohibido a los medios publicar sobre hechos escabrosos –como escándalos de corrupción y otros actos penados por la ley- mientras la justicia no se haya pronunciado.

Luego de experiencias pasadas, esto parece un buen intento para curarse en salud. De haber estado vigente esta norma tiempo atrás, no se habrían podido descubrir los millonarios contratos otorgados por la administración a un influyente personaje, la falsificación de título de un poderoso funcionario, la adquisición de radares inservibles, ambulancias con sobreprecio, o que se denuncien millonarios negociados a través de la reventa de crudo entregado a un país extranjero. Otra cosa que no se sabe cómo va a operar es la denominada “responsabilidad ulterior” que hace corresponsable al medio por las expresiones que en él se emitan. Que alguien explique cómo el medio podrá evitar opiniones expresadas en vivo por un entrevistado. ¿O la intención será que se supriman las entrevistas y programas de opinión, y que esos espacios se dediquen a hablar de fútbol o de farándula, o lo que es peor, que los medios cierren sus puertas?

Uno de los argumentos en que se sustentó la propuesta de ley, fue que los medios venden basura. Lo que no se dice es que son precisamente los medios incautados -en manos del gobierno- los principales productores y transmisores de programas basura. Y es precisamente gracias a estos programas, que cantantes y “talentos” de tv -que animan programas futboleros, de farándula, o de sensacionalismo amarillista- de la noche a la mañana se convirtieron en íconos defensores de la ley. La mala noticia para la casi totalidad de ellos es que pasada la campaña de promoción y posicionamiento de la ley, ya no se los necesitará. Para el gobierno no es suficiente la incondicionalidad, más importante es la funcionalidad; es decir, que la credibilidad e influencia que se tenga en el público sean rentables. En estos tiempos de revolución, no solo los adultos son desechables; también lo son todos quienes dejan de ser utilitarios, los que no cumplieron con las expectativas que se tenía, o no entendieron bien aquello de “ponerse la camiseta”.  

Coherente con su vocación controladora, al gobiernismo se le ocurrió la brillante idea de crear órganos supervisores-juzgadores conformados por representantes de entidades subordinadas, y un superintendente nombrado por el supremo jefe. Así, el gobierno se convierte en inspector, alguacil, y juzgador. Él calificará si los medios cumplen o no con la ley, y él mismo los sancionará. De esa manera los medios que no estén alineados con el oficialismo quedarán en la más solitaria indefensión, pues hasta el Defensor del Pueblo se convirtió en abogado de los organismos estatales.

Siendo justos, hay que reconocer que la maquinaria propagandística del gobierno ha demostrado ser efectiva. La estrategia de doblegar sistemáticamente a los potenciales y supuestos enemigos que fue construyendo el régimen se ha cumplido eficientemente. Uno por uno, bajo la tesis de que la legitimidad solo se la adquiere en las urnas, todos han sido descalificados, estigmatizados y asediados judicialmente. Salvo alguna que otra escaramuza, el único sector bien librado ha sido el financiero, principal beneficiario de las políticas gubernamentales.

Ciertamente la prensa privada no ha sido un dechado de virtudes, ejemplo de democratización de la palabra, o de independencia. Salvo ciertas excepciones, sus espacios han servido a intereses particulares, grupos de poder, o determinados sectores políticos. En más de una ocasión, se han prestado para enervar el endeble prestigio de algunos gobiernos o para impulsar campañas orientadas a acabar, sin mayores elementos de juicio, con la honra de ciertos funcionarios, y aún de particulares. Sin embargo, nada justifica la clara intención del oficialismo de acabar con los reducidos espacios de expresión que le quedan a la debilitada oposición, silenciarla con procedimientos retardatarios, obligar a que se autocensuren, e imponer a rajatabla su sola verdad. Si en la práctica no existen mecanismos de control efectivo de la corrupción; si hasta los contratos de préstamo con la banca china, principal acreedora del país, se los maneja con el carácter de reservados, ¿qué se puede espera a futuro, si se cierran todas las puertas al periodismo investigativo, que es lo que en realidad parece molestar al régimen?   

Es imposible no recordar que, a su tiempo, estalinismo y fascismo (aparentemente enemigos irreconciliables) utilizaron como principal recurso para consolidar su poder el control de la información y la utilización de la propaganda. Recursos que sirvieron para desprestigiar a sus opositores y sembrar el odio, al tiempo que se sobredimensionaba las ejecutorias gubernamentales y se sublimizaba a sus líderes. Utilizando la propaganda, se hizo creer al pueblo en un futuro promisorio. También se inventaron enemigos para justificar la purga. “Enemigos del pueblo” se llamó a la disidencia en el caso del estalinismo, mientras que el fascismo arremetió en contra de comunista y judíos, los que de a poco fueron sometidos y exterminados, esto, con la complacencia de masas alienadas que impasibles convalidaban esos actos de barbarie.  

El entusiasmo con que algunos han acogido la ley, hace ver lo manipulables que son las masas. Masas que con reprimida satisfacción ven como los enemigos que creó el gobierno reciben su merecido, perdiendo de vista a los verdaderos responsables de la exclusión e inequidad que los afecta.