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miércoles, 23 de mayo de 2012

El lobby, otra cara de la corrupción

“…en la práctica aquello que podría parecer un bien intencionado acercamiento para beneficiar al país, tiene un entramado de corrupción en el que se involucran en cadena funcionarios, generalmente del más alto nivel, de organismos, entidades y empresas públicas, quienes a cambio de su visto bueno o aceptación del negocio, reciben un valor fijo o determinado porcentaje en relación al precio del contrato, amén de homenajes, regalos y viajes, con lo que se perfecciona el cohecho”

 

Diccionarios, enciclopedias y publicaciones, todos coinciden acerca del significado de la palabra “lobby”, término de origen inglés que en definitiva se utiliza para determinar a personas o grupos de personas que se dedican a hacer contactos, influenciar y presionar en la toma de decisiones en el sector público.


A tal punto se ha generalizado esta práctica que países como España, Colombia y Chile, entre otros, están procesando la reforma en unos casos, y en otros, la elaboración de leyes, que regulen esta actividad a fin de contar con una herramienta más eficiente para combatir la corrupción, de forma tal que el lobby sea un trabajo público sujeto a los órganos de control y a la vigilancia social. Sin embargo, existen otros como los Estados Unidos y la mayoría de países europeos, en donde el lobby se considera legal, a menos que se compruebe que algún funcionario ha incurrido en cohecho.     


El lobbysta no tiene un perfil profesional específico, bien puede ser abogado, empleado público, alguien dedicado a los negocios, político, militar en retiro, o simplemente cualquier individuo que descubrió que la mejor forma de ganar dinero es generando necesidades, solucionando problemas o induciendo a contratar con el Estado. Un buen lobbysta es alguien que no tiene preferencias políticas, pues debe moverse en todos los gobiernos; eso sí, ha de contar con una carpeta de contactos que incluya necesariamente personas influyentes y autoridades de alto nivel. El trabajo de estos individuos se desenvuelve tanto en oficinas reservadas como en hoteles, restaurantes de lujo, o algún discreto lugar. En muchos casos requieren de un capital que les permita realizar gastos y mantenerse durante períodos relativamente largos de tiempo mientras concretan los “negocios”, cosa que es considerada como una inversión que esperan tenga luego una sustancial recompensa. 


En ciertos países latinoamericanos el lobby no tiene ningún control, por lo que cada vez es mayor el número de individuos dedicados a ello. Contrario a lo que ocurre en los Estados Unidos y Europa, en donde la presión e influencia que ejercen los lobbistas sobre congresistas y parlamentarios tiene como objetivo lograr la toma de decisiones, tratando de evitar la emisión de leyes, o que éstas no afecten los intereses de las grandes transnacionales en aspectos tales como el comercial, medioambiental, farmacéutico, automotriz, o de seguridad, acá estas personas orientan su acción de intermediación a la concreción de negocios con el Estado. Hasta hace poco el mayor número de lobbistas se vinculaba a los sectores hidrocarburífero, de defensa, seguros y telecomunicaciones. Hoy están en prácticamente todos los sectores, desde educación hasta obras públicas, salud, seguridad, energía, justicia, gobiernos autónomos, etc; así como en el Congreso y órganos de control. Otra diferencia entre el lobbista extranjero y el criollo, es que mientras los lobbistas norteamericanos y europeos -entre los que se cuentan expresidentes y exjefes de estado- reciben una remuneración anual, aquí estas personas ganan una comisión en función de los negocios que logran “cerrar”, lo que estimula las prácticas antiéticas, ilegales, e inclusive delictivas. De ahí que su acción muchas veces sea burda, pues van de Ministerio en Ministerio y de dependencia en dependencia, ofreciendo -a quien creen es el contacto clave- un “negocio” que puede incluir financiamiento externo si la entidad no cuenta con recursos, así como el suministro de bienes o la ejecución de obras, de cualquier clase, pues supuestamente tienen contactos en todas partes del mundo -desde la China, Taiwán, Rusia, o India, hasta en los países africanos- con toda clase de proveedores.


No obstante, quienes practican esta actividad, refieren que su trabajo es más o menos similar al de un vendedor o agente de negocios, que oferta determinados productos en base a las necesidades de la entidad ante la cual se hace el acercamiento. En otras palabras, para ellos, el lobbista es una especia de visionario que descubre necesidades que no han sido detectadas por la administración, y otras veces es un facilitador de recursos, de los que generalmente carece el Estado, a cambio de que la compra o la obra se la adjudique a quien el prestamista lo determine. Visto así, parecería que dicha actividad más bien es beneficiosa para el Estado. Sin embargo, el tema no es tan simple ni inocente como parece. En Latinoamérica, los lobbistas son comisionistas que reciben dicho “fee” por su intermediación o apertura de negocios, lo cual tampoco parecería ilegal, puesto que quien aparentemente asumiría el costo de dicha comisión sería la persona, natural o jurídica, nacional o extranjera, a quien se le adjudique el contrato.


Más, en la práctica aquello que podría parecer un bien intencionado acercamiento para beneficiar al país, tiene un entramado de corrupción en el que se involucran en cadena funcionarios, generalmente del más alto nivel, de organismos, entidades y empresas públicas, quienes a cambio de su visto bueno o aceptación del negocio, reciben un valor fijo o determinado porcentaje en relación al precio del contrato, amén de homenajes, regalos y viajes, con lo que se perfecciona el cohecho. Es que en la práctica estos negocios se convierten en negociados, los cuales se caracterizan por el incumplimiento de la normativa jurídica societaria, evasión de los procesos precontractuales de selección o licitación, exoneraciones tributarias, grandes sobreprecios, altísimos costos de financiamiento, costo final impredecible a causa de imprevistos e indexación de precios. A todo ello, agréguese que muchos de estos “negocios” devienen en incumplimiento de contratos y mala calidad de los bienes u obras; o lo que es peor, se erigen en grandes elefantes blancos que no prestan ningún servicio a la ciudadanía. De esta manera el lobbista que en principio parecía un inocente intermediario, se convierte en actor principal de una tramoya de corrupción que deviene en la comisión de varios delitos, entre estos, peculado. Dependiendo del monto de los contratos, la comisión o “fee” (como prefieren llamarla) que recibe el lobbista varía, así en tratándose de valores muy altos puede ser del 0,5% al 2%; en otros, dicho porcentaje incluso puede llegar al 5%.


Se conoce de algunos lobbistas que complementan su actividad realizando gestiones con la finalidad de evitar o desvanecer multas y glosas de algunos “clientes”, o influir en pronunciamientos que tienen el carácter de vinculantes en la administración, esto obviamente a cambio de un pago proporcional al beneficio que se consiga. También como una ramificación de esta labor se habla de la existencia de personas que se encargan de recopilar información y apropiarse de documentación comprometedora, para luego someter a chantaje a los involucrados y venderles la solución a sus problemas a cambio de altas sumas de dinero, emolumento que incluye su intermediación ante los órganos públicos para evitar sanciones. Negocio redondo en donde todos ganan: el investigado, el intermediario y el funcionario que se presta para tapar los entuertos. Solo hay un perdedor: la sociedad.


Lamentablemente, en su actividad ilícita, el lobbista cuenta con un seguro que generalmente funciona. Es que al haber recibido dinero o alguna otra especie por sus favores, los funcionarios públicos involucrados en actos de corrupción, no develan el nombre de los intermediarios, con lo que sus acciones gozan de impunidad y pueden continuar en su acción atentatoria al bien común. Esta práctica, tal como se la lleva, de ninguna manera puede decirse que esté amparada en las garantías constitucionales, ya que ninguna de ellas faculta el tráfico de influencias, la concusión, el cohecho, o el peculado.

   

miércoles, 21 de marzo de 2012

Minería, movilizaciones y desaciertos del Gobierno



Reflexiones sobre el tratamiento que viene dando el Gobierno al tema minero, y la confrontación con sectores sociales opuestos a esa actividad


1.    La forma como ha operado tradicionalmente la minería en Ecuador (artesanal y pequeña minería), ha posicionado en la ciudadanía -con sobrada razón- la idea de que es una actividad peligrosa, altamente contaminante, caótica, atentatoria a la dignidad y derechos de quienes ahí trabajan; que crea en su entorno anillos de miseria, exclusión, delincuencia, etc. Un claro ejemplo de aquello es Nambija. Con un antecedente tan negativo no se puede pretender que de la noche a la mañana la percepción ciudadana cambie sólo porque alguien dice que existe una minería responsable, amigable y diametralmente distinta a la que estamos acostumbrados a ver.


2.    El Gobierno de Rafael Correa ha tenido tiempo de sobra para preparar las condiciones que le habrían permitido minimizar el rechazo. Por ejemplo, se pudo haber realizado las consultas previas que prevén la Constitución y la Ley. Asimismo, el MRNNR pudo haber creado los consejos consultivos, igualmente previstos en la Ley, a efectos de recoger y dar un tratamiento adecuado a los planteamientos de las comunidades afectadas. Se debió diseñar y ejecutar con la debida anticipación un plan de intervención en las áreas de influencia de los proyectos, informando y capacitando a la ciudadanía, e impulsando la conformación de veedurías. Es utópico esperar que la gente sienta como propio o se empodere de un proyecto, prácticamente impuesto, en el cual no ha tenido ninguna participación. Recién hace poco, y con métodos nada rigurosos, se está auscultado y priorizando las necesidades de las comunidades a beneficiarse con las regalías, cuando todo esto demandaba un trabajo sostenido, que no se suplanta con declaraciones contestarías, visitas esporádicas o acciones reactivas coyunturales.


3.    Es un grave error, que más tarde generará reclamos, infundir la idea que junto con la gran minería viene la felicidad de los pueblos. Si bien en principio esta actividad genera un determinado número de plazas de trabajo beneficiando el aporte de mano de obra local no calificada, conforme avanza el proceso productivo dichas plazas van disminuyendo significativamente. Es verdad que los recursos que genera la gran minería mejoran las cifras macrofiscales del Estado, más de ninguna manera existe una relación directa entre producción e inversión social en los sectores de influencia, los cuales, adicionalmente absorben el impacto ambiental, social y cultural negativos. Basta visitar el Oriente en donde el petróleo no ha sido precisamente la panacea que se ofreció a esos pueblos.        


4.    Es evidente que el Gobierno comenzó a reaccionar, buscar aliados, hacer ofrecimiento, firmar convenios y entregar recursos luego que la marcha de las organizaciones sociales -especialmente indígenas- era un hecho irreversible. Junto a ello se inició una campaña en contra de los organizadores en un intento por desprestigiar a los dirigentes y deslegitimar la convocatoria. Esta ha sido una práctica ensayada por todos los gobiernos, que a la postre genera efectos contrarios al esperado. Mientras más fuerte es la reacción oficial ante las manifestaciones de protesta, más las fortalece y legitima. Para el ciudadano común no es fácil entender la estrategia del Gobierno, que por una parte minimiza la marcha, y por otra, pone todo el peso logístico y de propaganda para contrarrestarla, al punto de convocar una contramarcha. ¿Qué se busca con ello? El llamado a “defender de la democracia” se percibe más bien como un ensayo desesperado por demostrar que su capacidad de movilización se encuentra intacta, que cuenta con respaldo popular y, de otra parte, reponerse del duro revés mediático y desgaste sufridos durante el proceso judicial contra Diario El Universo.


No obstante, independientemente de la diferencia numérica entre manifestantes de uno u otro sector, la oposición habrá logrado que el Gobierno, con sus acciones, se convierta en el principal promotor e impulsador de la recuperación de los sectores contrarios al régimen, incluidos algunos partidos políticos que hasta hace poco estuvieron casi en el olvido. Todo esto lleva a la conclusión que, desde el régimen hace falta analizar sin prejuicios y con serenidad los acontecimientos políticos, rectificar lo que haya que rectificar, entendiendo que gobernar no es otra cosa que tomar las mejores decisiones en función de lo que conviene al país, aún cuando aquellas decisiones no sean del agrado de los gobernantes.


Por último y en referencia a los actores convocados por el Gobierno, es necesario reflexionar sobre el rol que en estas movilizaciones cumplen ciertas organizaciones gremiales, funcionarios y trabajadores del sector público. A sabiendas que la gente se moviliza sólo por dos razones: unas motivadas por convicciones ideológicas políticas (producto de un trabajo de formación a largo plazo), y otras por expectativas o conveniencias coyunturales, en las proyecciones que hacen los estrategas del oficialismo sería un error pensar que quienes levantan pancartas y llenan una plaza son seguros aliados o adherentes al proyecto impulsado desde el Gobierno, error que se evidenció en la última consulta popular.

martes, 24 de enero de 2012

La maldad del servilismo



Silvio Méndez Navarrete

Contrarrevolucionario es aquel que lucha contra la revolución, también aquel que aprovechando su influencia adquiere una casa, luego dos carros, luego viola la Constitución, llegando a tener todo lo que no tiene el pueblo”.  Che Guevara 


La Tiranía puede ser impuesta por conquista de ejército extranjero o por engaño, traición de una facción política aprovechando situaciones específicas para amarrar permanentemente el poder sobre el pueblo. Una vez comenzada la tiranía, la permanencia de esta es permitida, apoyada por incidencia del hábito que rápidamente acostumbra al pueblo a la esclavitud. La naturaleza del ser humano de ser libre es vencida por la fuerza de la costumbre.


El despotismo va en contra de los intereses de la mayoría, este es establecido con propaganda dirigida a la población por el gobernante y sus seguidores: Pan y circo de mistificación ideológica para engañar las masas, ganar su consentimiento. El papel que juega la empresa privada y burócratas del Estado que se benefician del tirano, es otro factor crítico no siempre detectado y reconocido como factor cooperante de la tiranía. Por más que el Estado cometa errores, estos no lo son desde el punto de vista de sus aliados, son oportunidades para aumentar su poder, influencia, ganancias económicas.


Esto descubre, en mi opinión, la fuente principal, el dominio, apoyo y fundamento de la tiranía. Para algunos no parecerá creíble, sin embargo verdad, que son cuatro, cinco individuos los que mantienen al dictador, mantienen la nación en sujeción, tienen acceso a los oídos del tirano, quien los escoge para que sean sus consejeros, cómplices en la crueldad, compañeros en los placeres, procuradores de sus deseos impuros y socios en sus delitos. Manejan la situación a tal perfección, que las aberraciones de estos socios, son inculpadas en el tirano.


Estos tienen a cientos que se enriquecen bajo sus órdenes, usados para cumplir las ordenanzas de su amo. Al mismo tiempo estos cientos mantienen a miles, a quienes promueven en rango, sirviendo como instrumentos de la avaricia y la crueldad, ejecutando órdenes que mantengan el desastre por todas partes, estando siempre protegidos de la ley y el castigo. Las consecuencias de esto son fatales. Estos miles de personas tienen bajo ellos cientos de miles, que también cuelgan del cordón umbilical del tirano al que todos están amarrados. De esta forma, por medio de favores pequeños y grandes, grandes y pequeñas ganancias, es que encontramos que para muchos es ventajosa esta tiranía, tantos como para las que libertad es lo deseado.


Cuando un gobernante se convierte en tirano, los delincuentes del país sedientos de ambición y extraordinaria avaricia, lo rodean y apoyan para compartir el botín, constituirse en pequeños jefes bajo el mando del gran tirano. Es la práctica de notorios ladrones y famosos piratas: unos saquean el país, otros persiguen, espían, ponen emboscadas, cometen robos, crímenes, todos en diferentes rangos, siendo algunos solo serviles, otros jefes de cliques, pero con el sentimiento de que si no todos comparten del gran botín, tienen la esperanza de conseguirlo.


El déspota subyuga a sus dependientes, algunos por medio de otros, protegiéndose así de los que si fueran gente honrada, tendría que cuidarse de ellos. Las personas que sirven al tirano para ganar favores de su tiranía, actúan con maldad, pero disminuyen su libertad, volviéndose además odiados por la población que goza de mayor libertad que ellos. Los serviles deben obedecer órdenes del tirano, anticipar sus deseos y aceptarlos como propios, abandonar sus propios intereses, distorsionar su carácter, corromper su naturaleza, interpretar su palabra, sus gestos, mirada y responder a sus deseos y pensamientos. Situación intolerable no pertenecerse a uno mismo.


Olvidan la gran cantidad de personas que un tiempo gozaron del favor del tirano, luego sufrieron su ira, su desprecio, dando así fe a la poca importancia que el tirano da a la amistad. Recordemos la historia de cómo Nerón amaba a su esposa Popea, sin embargo por una torpeza la envenenó. Mató a su madre Agripina, aun después que esta mató a su padre para llevarlo al poder. El emperador Claudio de la misma forma mató a su esposa Mesalina. La estupidez de un tirano lo hace incapaz de ser benevolente, demuestra su maldad y manifiesta su corta inteligencia.


La verdad es que el tirano nunca es realmente amado ni tampoco ama. La amistad es algo sagrado que se desarrolla entre personas de carácter, crece por mutuo respeto, florece no tanto por amabilidad como por sinceridad. Su garantía es integridad, honor y constancia. No puede haber amistad donde hay crueldad, infidelidad, injusticia, conspiración, miedo. Un tirano y un servil no son amigos, son cómplices. 

http://foroanzoategui.blogspot.com/2011/08/despotismo-tirania-servilismo.html

miércoles, 18 de enero de 2012

Las ambivalencias de la democracia


Hoy nadie duda de que Estados Unidos es una democracia consolidada y que, no sin necesidad de grandes luchas, las mayorías nacionales fueron incorporándose al sistema político. De hecho, sigue siendo un modelo de articulación entre democracia y liberalismo, dos términos siempre en tensión. El poder del dinero y del lobbying, junto con las restricciones que aún se mantienen sobre los pobres y los nuevos inmigrantes, dejan en evidencia las contradicciones que persisten entre el gobierno del pueblo y el gobierno de las corporaciones.