jueves, 8 de marzo de 2012

El periodismo, el mejor oficio del mundo


Por Gabriel García Márquez
Cartagena, Colombia
A una universidad colombiana se le preguntó cuáles son las pruebas de aptitud y vocación que se hacen a quienes desean estudiar periodismo y la respuesta fue terminante: “Los periodistas no son artistas”. Estas reflexiones, por el contrario, se fundan precisamente en la certidumbre de que el periodismo escrito es un género literario.
Hace unos cincuenta años no estaban de moda las escuelas de periodismo. Se aprendía en las salas de redacción, en los talleres de imprenta, en el cafetín de enfrente, en las parrandas de los viernes. Todo el periódico era una fábrica que formaba e informaba sin equívocos, y generaba opinión dentro de un ambiente de participación que mantenía la moral en su puesto. Pues los periodistas andábamos siempre juntos, hacíamos vida común, y éramos tan fanáticos del oficio que no hablábamos de nada distinto que del oficio mismo. El trabajo llevaba consigo una amistad de grupo que inclusive dejaba poco margen para la vida privada. No existían las juntas de redacción institucionales, pero a las cinco de la tarde, sin convocatoria oficial, todo el personal de planta hacía una pausa de respiro en las tensiones del día y confluía a tomar el café en cualquier lugar de la redacción. Era una tertulia abierta donde se discutían en caliente los temas de cada sección y se le daban los toques finales a la edición de mañana. Los que no aprendían en aquellas cátedras ambulatorias y apasionadas de veinticuatro horas diarias, o los que se aburrían de tanto hablar de los mismo, era porque querían o creían ser periodistas, pero en realidad no lo eran.
El periódico cabía entonces en tres grandes secciones: noticias, crónicas y reportajes, y notas editoriales. La sección más delicada y de gran prestigio era la editorial. El cargo más desvalido era el de reportero, que tenía al mismo tiempo la connotación de aprendiz y cargaladrillos. El tiempo y el mismo oficio han demostrado que el sistema nervioso del periodismo circula en realidad en sentido contrario. Doy fe: a los diecinueve años -siendo el peor estudiante de derecho- empecé mi carrera como redactor de notas editoriales y fui subiendo poco a poco y con mucho trabajo por las escaleras de las diferentes secciones, hasta el máximo nivel de reportero raso.
La misma práctica del oficio imponía la necesidad de formarse una base cultural, y el mismo ambiente de trabajo se encargaba de fomentarla. La lectura era una adicción laboral. Los autodidactas suelen ser ávidos y rápidos, y los de aquellos tiempos lo fuimos de sobra para seguir abriéndole paso en la vida al mejor oficio del mundo… como nosotros mismos lo llamábamos. Alberto Lleras Camargo, que fue periodista siempre y dos veces presidente de Colombia, no era ni siquiera bachiller.
La creación posterior de las escuelas de periodismo fue una reacción escolástica contra el hecho cumplido de que el oficio carecía de respaldo académico. Ahora ya no son sólo para la prensa escrita sino para todos los medios inventados y por inventar.
Pero en su expansión se llevaron de calle hasta el nombre humilde que tuvo el oficio desde sus orígenes en el siglo XV, y ahora no se llama periodismo sino Ciencias de la Comunicación o Comunicación Social. El resultado, en general, no es alentador. Los muchachos que salen ilusionados de las academias, con la vida por delante, parecen desvinculados de la realidad y de sus problemas vitales, y prima un afán de protagonismo sobre la vocación y las aptitudes congénitas. Y en especial sobre las dos condiciones más importantes: la creatividad y la práctica.
La mayoría de los graduados llegan con deficiencias flagrantes, tienen graves problemas de gramática y ortografía, y dificultades para una comprensión reflexiva de textos. Algunos se precian de que pueden leer al revés un documento secreto sobre el escritorio de un ministro, de grabar diálogos casuales sin prevenir al interlocutor, o de usar como noticia una conversación convenida de antemano como confidencial. Lo más grave es que estos atentados éticos obedecen a una noción intrépida del oficio, asumida a conciencia y fundada con orgullo en la sacralización de la primicia a cualquier precio y por encima de todo. No los conmueve el fundamento de que la mejor noticia no es siempre la que se da primero sino muchas veces la que se da mejor. Algunos, conscientes de sus deficiencias, se sienten defraudados por la escuela y no les tiembla la voz para culpar a sus maestros de no haberles inculcado las virtudes que ahora les reclaman, y en especial la curiosidad por la vida.
Es cierto que estas críticas valen para la educación general, pervertida por la masificación de escuelas que siguen la línea viciada de lo informativo en vez de lo formativo. Pero en el caso específico del periodismo parece ser, además, que el oficio no logró evolucionar a la misma velocidad que sus instrumentos, y los periodistas se extraviaron en el laberinto de una tecnología disparada sin control hacia el futuro. Es decir, las empresas se han empeñado a fondo en la competencia feroz de la modernización material y han dejado para después la formación de su infantería y los mecanismos de participación que fortalecían el espíritu profesional en el pasado. Las salas de redacción son laboratorios asépticos para navegantes solitarios, donde parece más fácil comunicarse con los fenómenos siderales que con el corazón de los lectores. La deshumanización es galopante.
No es fácil entender que el esplendor tecnológico y el vértigo de las comunicaciones, que tanto deseábamos en nuestros tiempos, hayan servido para anticipar y agravar la agonía cotidiana de la hora del cierre. Los principiantes se quejan de que los editores les conceden tres horas para una tarea que en el momento de la verdad es imposible en menos de seis, que les ordenan material para dos columnas y a la hora de la verdad sólo les asignan media, y en el pánico del cierre nadie tiene tiempo ni humor para explicarles por qué, y menos para darles una palabra de consuelo. “Ni siquiera nos regañan”, dice un reportero novato ansioso de comunicación directa con sus jefes. Nada: el editor que antes era un papá sabio y compasivo, apenas si tiene fuerzas y tiempo para sobrevivir él mismo a las galeras de la tecnología.
Creo que es la prisa y la restricción del espacio lo que ha minimizado el reportaje, que siempre tuvimos como el género estrella, pero que es también el que requiere más tiempo, más investigación, más reflexión, y un dominio certero del arte de escribir. Es en realidad la reconstitución minuciosa y verídica del hecho. Es decir: la noticia completa, tal como sucedió en la realidad, para que el lector la conozca como si hubiera estado en el lugar de los hechos.
Antes que se inventaran el teletipo y el télex, un operador de radio con vocación de mártir capturaba al vuelo las noticias del mundo entre silbidos siderales, y un redactor erudito las elaboraba completas con pormenores y antecedentes, como se reconstruye el esqueleto entero de un dinosaurio a partir de una vértebra. Sólo la interpretación estaba vedada, porque era un dominio sagrado del director, cuyos editoriales se presumían escritos por él, aunque no lo fueran, y casi siempre con caligrafías célebres por lo enmarañadas. Directores históricos tenían linotipistas personales para descifrarlas.
Un avance importante en este medio siglo es que ahora se comenta y se opina en la noticia y en el reportaje, y se enriquece el editorial con datos informativos. Sin embargo, los resultados no parecen ser los mejores, pues nunca como ahora ha sido tan peligroso este oficio. El empleo desaforado de comillas en declaraciones falsas o ciertas permite equívocos inocentes o deliberados, manipulaciones malignas y tergiversaciones venenosas que le dan a la noticia la magnitud de un arma mortal. Las citas de fuentes que merecen entero crédito, de personas generalmente bien informadas o de altos funcionarios que pidieron no revelar su nombre, o de observadores que todo lo saben y que nadie ve, amparan toda clase de agravios impunes. Pero el culpable se atrinchera en su derecho de no revelar la fuente, sin preguntarse si él mismo no es un instrumento fácil de esa fuente que le transmitió la información como quiso y arreglada como más le convino. Yo creo que sí: el mal periodista piensa que su fuente es su vida misma -sobre todo si es oficial- y por eso la sacraliza, la consiente, la protege, y termina por establecer con ella una peligrosa relación de complicidad, que lo lleva inclusive a menospreciar la decencia de la segunda fuente.
Aun a riesgo de ser demasiado anecdótico, creo que hay otro gran culpable en este drama: la grabadora. Antes de que ésta se inventara, el oficio se hacía bien con tres recursos de trabajo que en realidad eran uno sólo: la libreta de notas, una ética a toda prueba, y un par de oídos que los reporteros usábamos todavía para oír lo que nos decían. El manejo profesional y ético de la grabadora está por inventar. Alguien tendría que enseñarles a los colegas jóvenes que la casete no es un sustituto de la memoria, sino una evolución de la humilde libreta de apuntes que tan buenos servicios prestó en los orígenes del oficio. La grabadora oye pero no escucha, repite -como un loro digital- pero no piensa, es fiel pero no tiene corazón, y a fin de cuentas su versión literal no será tan confiable como la de quien pone atención a las palabras vivas del interlocutor, las valora con su inteligencia y las califica con su moral. Para la radio tiene la enorme ventaja de la literalidad y la inmediatez, pero muchos entrevistadores no escuchan las respuestas por pensar en la pregunta siguiente.
La grabadora es la culpable de la magnificación viciosa de la entrevista. La radio y la televisión, por su naturaleza misma, la convirtieron en el género supremo, pero también la prensa escrita parece compartir la idea equivocada de que la voz de la verdad no es tanto la del periodista que vio como la del entrevistado que declaró. Para muchos redactores de periódicos la transcripción es la prueba de fuego: confunden el sonido de las palabras, tropiezan con la semántica, naufragan en la ortografía y mueren por el infarto de la sintaxis. Tal vez la solución sea que se vuelva a la pobre libretita de notas para que el periodista vaya editando con su inteligencia a medida que escucha, y le deje a la grabadora su verdadera categoría de testigo invaluable. De todos modos, es un consuelo suponer que muchas de las transgresiones éticas, y otras tantas que envilecen y avergüenzan al periodismo de hoy, no son siempre por inmoralidad, sino también por falta de dominio profesional.
Tal vez el infortunio de las facultades de Comunicación Social es que enseñan muchas cosas útiles para el oficio, pero muy poco del oficio mismo. Claro que deben persistir en sus programas humanísticos, aunque menos ambiciosos y perentorios, para contribuir a la base cultural que los alumnos no llevan del bachillerato. Pero toda la formación debe estar sustentada en tres pilares maestros: la prioridad de las aptitudes y las vocaciones, la certidumbre de que la investigación no es una especialidad del oficio sino que todo el periodismo debe ser investigativo por definición, y la conciencia de que la ética no es una condición ocasional, sino que debe acompañar siempre al periodismo como el zumbido al moscardón.
El objetivo final debería ser el retorno al sistema primario de enseñanza mediante talleres prácticos en pequeños grupos, con un aprovechamiento crítico de las experiencias históricas, y en su marco original de servicio público. Es decir: rescatar para el aprendizaje el espíritu de la tertulia de las cinco de la tarde.
Un grupo de periodistas independientes estamos tratando de hacerlo para toda la América Latina desde Cartagena de Indias, con un sistema de talleres experimentales e itinerantes que lleva el nombre nada modesto de Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano. Es una experiencia piloto con periodistas nuevos para trabajar sobre una especialidad específica -reportaje, edición, entrevistas de radio y televisión, y tantas otras- bajo la dirección de un veterano del oficio.
En respuesta a una convocatoria pública de la Fundación, los candidatos son propuestos por el medio en que trabajan, el cual corre con los gastos del viaje, la estancia y la matrícula. Deben ser menores de treinta años, tener una experiencia mínima de tres, y acreditar su aptitud y el grado de dominio de su especialidad con muestras de las que ellos mismos consideren sus mejores y sus peores obras.
La duración de cada taller depende de la disponibilidad del maestro invitado -que escasas veces puede ser de más de una semana-, y éste no pretende ilustrar a sus talleristas con dogmas teóricos y prejuicios académicos, sino foguearlos en mesa redonda con ejercicios prácticos, para tratar de transmitirles sus experiencias en la carpintería del oficio. Pues el propósito no es enseñar a ser periodistas, sino mejorar con la práctica a los que ya lo son. No se hacen exámenes ni evaluaciones finales, ni se expiden diplomas ni certificados de ninguna clase: la vida se encargará de decidir quién sirve y quién no sirve.
Trescientos veinte periodistas jóvenes de once países han participado en veintisiete talleres en sólo año y medio de vida de la Fundación, conducidos por veteranos de diez nacionalidades. Los inauguró Alma Guillermoprieto con dos talleres de crónica y reportaje. Terry Anderson dirigió otro sobre información en situaciones de peligro, con la colaboración de un general de las Fuerzas Armadas que señaló muy bien los límites entre el heroísmo y el suicidio. Tomás Eloy Martínez, nuestro cómplice más fiel y encarnizado, hizo un taller de edición y más tarde otro de periodismo en tiempos de crisis. Phil Bennet hizo el suyo sobre las tendencias de la prensa en los Estados Unidos y Stephen Ferry lo hizo sobre fotografía. El magnifico Horacio Bervitsky y el acucioso Tim Golden exploraron distintas áreas del periodismo investigativo, y el español Miguel Ángel Bastenier dirigió un seminario de periodismo internacional y fascinó a sus talleristas con un análisis crítico y brillante de la prensa europea.
Uno de gerentes frente a redactores tuvo resultados muy positivos, y soñamos con convocar el año entrante un intercambio masivo de experiencias en ediciones dominicales entre editores de medio mundo. Yo mismo he incurrido varias veces en la tentación de convencer a los talleristas de que un reportaje magistral puede ennoblecer a la prensa con los gérmenes diáfanos de la poesía.
Los beneficios cosechados hasta ahora no son fáciles de evaluar desde un punto de vista pedagógico, pero consideramos como síntomas alentadores el entusiasmo creciente de los talleristas, que son ya un fermento multiplicador del inconformismo y la subversión creativa dentro de sus medios, compartido en muchos casos por sus directivas. El solo hecho de lograr que veinte periodistas de distintos países se reúnan a conversar cinco días sobre el oficio ya es un logro para ellos y para el periodismo. Pues al fin y al cabo no estamos proponiendo un nuevo modo de enseñarlo, sino tratando de inventar otra vez el viejo modo de aprenderlo.
Los medios harían bien en apoyar esta operación de rescate. Ya sea en sus salas de redacción, o con escenarios construidos a propósito, como los simuladores aéreos que reproducen todos los incidentes del vuelo para que los estudiantes aprendan a sortear los desastres antes de que se los encuentren de verdad atravesados en la vida. Pues el periodismo es una pasión insaciable que sólo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad. Nadie que no la haya padecido puede imaginarse esa servidumbre que se alimenta de las imprevisiones de la vida. Nadie que no lo haya vivido puede concebir siquiera lo que es el pálpito sobrenatural de la noticia, el orgasmo de la primicia, la demolición moral del fracaso. Nadie que no haya nacido para eso y esté dispuesto a vivir sólo para eso podría persistir en un oficio tan incomprensible y voraz, cuya obra se acaba después de cada noticia, como si fuera para siempre, pero que no concede un instante de paz mientras no vuelve a empezar con más ardor que nunca en el minuto siguiente.
* Texto completo de las palabras pronunciadas por el periodista y escritor colombiano Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura y presidente de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano, ante la 52a. asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa, SIP, en Los Angeles, U.S.A., octubre 7 de 1996. Homenaje a su cumpleaños número 85. Fuente: FNPI.org.

viernes, 2 de marzo de 2012

Medios, Promedios y Perdones




Por: Tomas Rodríguez león

“Ser gobernado es ser observado, inspeccionado, espiado, dirigido, regimentado, numerado, regulado, registrado, adoctrinado, controlado, revisado, estimado, valuado, censurado, ordenado…por criaturas que no tienen ni el DERECHO ni la SABIDURÍA ni la VIRTUD para hacerlo”

PROUDHON, P.J: 

“Bajo un gobierno que encarcela, el verdadero sitio para un hombre justo es la cárcel”

THOUREAU, H.D: 


La revolución ciudadana en su arquitectura original no contenía un diseño pedagógico que promueva la movilización de energías colectivas desde procesos sensibles de convicción o conciencia. Pero tuvo un discurso.


El discurso de los revolucionarios ciudadanos se elaboró entonces mas allá (o más acá) de los conceptos, con preocupaciones orientadas a dirigir palabra y obra en función de la imagen y los imaginarios de protagonistas con poder y más precisamente del gran protagonista. Se omitieron estructuras políticas orgánicas y organizativas, el axioma socialista partido -clase -masas, sencillamente desapareció. El resultado de impacto, un fuerte posicionamiento singular del líder, que rebaso los linderos de otras preocupaciones semánticas y de todo resquicio de ideología intencional de uno que otro izquierdoso dejado en el camino, para que en la camioneta revolucionaria queden sobrevivientes especialistas del marketing nacional, criollo y perentorio.


En el plano nacional, el poder de la imagen, la reducción del discurso - palabra, la ausencia total de ideología, fueron estructuras pensadas como suficientes por los especialistas en marketing, pero en este andarivel se desestructuraban estrategias de comunicación más complejas y la doctrina socialista se hacía marginal y solo utilitaria. En la escena internacional, otro actor proyectó un muy limitado discurso antiimperialista y un básico discurso de soberanía heredado de prácticas resistentes del modelo Vaticano de los Jubileos. En fin de cuentas en América Latina ser antiimperialista es muy fácil, basta decir soberanía, no pago a la deuda externa y muera el imperialismo. Hasta ahí la cosa funcionaba bien. El marketing posicionando un mesías y la imagen internacional “en la tendencia” ponía a un demócrata en el conglomerado de la cuasi izquierda regional.


Todo esto ocurrió en una relación curiosa; para posicionar una imagen, el gobierno realiza la más grande inversión en publicidad siendo los medios de comunicación los más grandes beneficiarios de esta política. Gobierno y medidos, socios del negocio publicitario de mutuos beneficios. Una estrategia curiosa rompe el concubinato, luego de destrozar el esquema sociopolítico de partidos políticos con una consigna carente de ideología: “partidocracia” el poder se dirige a romper la supuesta hegemonía cultural del poder económico golpeando a los medios de comunicación, es decir golpeando a sus socios, los protagonistas del negocio pasan a ser contendores de un conflicto.


Los grandes medios aceptan la guerra sin poner en riesgo el negocio de la publicidad con mejores experiencias y mejores tradiciones en el manejo de estrategias y trampas de comunicación y mercadeo.


La política nacional se sacude cuando en abierta contradicción interna el primer mandatario se lanza contra los medios de comunicación ya no solo en confrontación táctica y de hostigamiento mientras el segundo mandatario una y otra vez llama a la tolerancia y al respeto irrestricto de la libertad de prensa y opinión. El primer mandatario y sus asesores de imágenes entran en guerra estratégica contra los medios y eligen de contendor al medio con más poder “El Universo” cometiendo un craso error, no elige una confrontación ideológica sino moral, nadie se protege en el gobierno de una conducta de derecha sino de un supuesto “daño Moral” El entorno más personalista se evidencia en la representación del sujeto agredido abstraído de la condición de mandatario que no obstante se declara en respuesta persistente con insultos con marca de mandatario con su propio semanario.


“El Universo” inteligentemente entra en el juego del poder con mucho cuidado, arma su defensa en el mismo espacio de la dimensión dada, no ideologiza el conflicto y se cuida de enunciados con imágenes de derecha para ingresar al debate jurídico moral a sabiendas que perderá, pero pasando a la posición de victima nacional e internacional del abuso del poder. Los mejores exponentes de la opinión de el universo son los del “ala de izquierda” Emilio Palacio, El Pájaro Febres Cordero, Nelsa Curbelo, Manuel Chiriboga y ahora Nila Velázquez, conocida en la izquierda cristiana. El Universo logra establecer una proyección mediática que deja a los expertos mediáticos del gobierno como muchachos que se quedan de año o suspensos por mala calificación y mala conducta.


A nivel internacional un posicionamiento regional con líderes de la llamada izquierda, si bien creaban sentido de pertenencia a la “tendencia” la ruptura con el ala izquierda nacional dentro del proceso generaban y generan inquietudes sobre todo por lo imposible que resulta ocultar la represión, la conducta anti obrera, la criminalización de la protesta social y la persecución política que siempre se ha generado contra dirigentes de la izquierda revolucionaria y jamás contra la burguesía o la banca llamada “corrupta”. Un antiimperialismo así presentable se fue convirtiendo en sospechoso, cuando además el régimen le fue apostando a la minería a cielo abierto y al extractivismo en abierta alianza con trasnacionales. El estratega de política internacional hizo de la asistencia puntual a clases y del uso abusivo de conclaves con declaraciones rimbombantes un ajuste en la imagen regional. Se destaca acá un hecho cierto, en América Latina; los mandatarios de la izquierda más moderada son aquellos que en algún momento se probaron como izquierdistas de guerra, militantes y dirigentes de la guerrilla como es el caso de Mujica de Uruguay Dilma Ruseff de Brasil, Funes de El salvador y hasta el Mismo Ortega de Nicaragua. En tanto que los menos ideológicos; Chaves y Evo no tienen antecedentes de formación marxista o guerrillera, siendo estos segundos con quienes más congenia el presidente Correa.


El canciller Patiño sin formación ideológica ni pasado revolucionario y sin formación académica en la diplomacia acumula errores ya imperdonables. La descortesía diplomática al señalar que los delincuentes pueden ir a solicitar asilo en la embajada de Panamá, pudo haber ocasionado que el gobierno de ese país llame a consulta a su representante e incluso con la descalificación de la concesión del asilo, hecho pública, pudo y puede armar un conflicto con un socio estratégico como es la República de Panamá sitio de transito de nuestro comercio internacional. Otro tema es la sarcástica respuesta del canciller a un organismo internacional de derechos humanos, pese a que la constitución de Montecristi señala la jerarquía del derecho internacional sobre la legislación nacional en materia de derechos humanos sin mencionar el asunto de la valija diplomática.


La pérdida es manifiesta, el gobierno se queda en el triste dilema de la rectificación casi imposible, sus excesos de fuerza dificultan hasta la concesión de perdón que asoma como acto teocrático y feo. Su mala leche con los autores cómplices y encubridores germinales de la revolución ciudadana lo dejan en peor condición de rehabilitación, los hijos pródigos de la revolución ciudadana empezaron a poner letra y música a una nueva canción electoral para la izquierda real.


La última carta podría jugarla, el vicepresidente Lenin Moreno, el buen actor del gobierno, para jugarla si es que existe PAIS este podría de inmediato pedir la expulsión de los hermanos Alvarado y los hermanos Patiño arquitectos de un edificio carcomido por el sisma y a través del Vice intentar una reanudación del dialogo con la izquierda proletaria y popular. Desde luego para esta interlocución, el mismo Correa ya estaría deslegitimado por la carga de sus antecedentes, siendo el recambio una opción sobre el tapete a sortearse entre dos estilos; el correismo y el leninismo. PAIS y el país ganarían con la opción de Lenin. Yo lo creo.


PD. EL CIUDADANO RAFAEL CORREA PERDONO A SUS ENEMIGOS DE LA PRENSA CORRUPTA Y MEDIOCRE SIN DEJAR DE RECORDAR QUE CUANDO ERA JOVEN QUIZO SER PARTE DE ESE EQUIPO
PERO NO LO RECIBIERON EN EL UNIVERSO

“…PERDON…VIDA DE MI VIDA…PERDON SI ES QUE TE HE FALTAD...”

miércoles, 22 de febrero de 2012

Cinco Años Después

Cualquiera sea el futuro de la “revolución ciudadana”, lo cierto es que durante cinco años el país ha vivido una vorágine político mediática acorde a un libreto al que sin mayor reparo han adherido sus detractores. Cinco años en que –como nunca en las últimas tres décadas- este gobierno se ha desenvuelto en el mejor escenario imaginado, con un marco jurídico constitucional fabricado a su medida, prácticamente sin oposición, con inagotables recursos fiscales y cero fiscalización.

Infectado por el vicio del poder, Correa, igual que ciertos regímenes totalitarios, sustenta su control del aparato estatal en: una descomunal y costosa maquinaria propagandística orientada a exaltar su imagen; un fuerte vínculo con los mandos militares; la sumisión de los órganos del Estado; el uso represivo del sistema judicial; y, una política social clientelar que subsidiariamente le permite contar con fuerzas de choque para enfrentarla a los “enemigos del cambio”. Para dar consistencia a su repetida frase: “a esta revolución no la para nadie”, el caudillo ha dado muestras de estar dispuesto a todo. Entendiéndose por todo: perseguir, encarcelar o imponer castigos millonarios a quienes denuncien abusos de poder o actos de corrupción; propiciar leyes que le permitan el control absoluto del Estado; manipular los espacios de participación ciudadana; deslegitimar cualquier manifestación de la oposición; e inclusive hacer uso de la fuerza. 

Resulta contradictorio y hasta anecdótico que mientras el Presidente dice defender la democracia muestre una patológica intolerancia a la crítica. Que hable de participación ciudadana cuando en la práctica no existen mesas de consulta y diálogo que permitan al pueblo debatir los temas trascendentales. Que diga que está combatiendo la corrupción, cuando para eludir procesos licitatorios se han institucionalizado las declaratorias de emergencia y recurrido a préstamos con la banca de inversión extranjera entregando a dedo los proyectos estratégicos a empresas de esos países, en especial chinas. Por más que se pretenda acallar las voces discordantes con millonarias demandas, difícilmente se puede difuminar las dudas sobre las cuestionadas compras de ambulancias, lanchas, helicópteros, radares; la intermediación en la refinación de crudo, la entrega de campos a empresas transnacionales, la renegociación con Odebrecht, los contratos del Gran Hermano.  

Uno de los aspectos que más llama la atención de este gobierno es el uso demagógico de las palabras “revolución” y “socialismo” completamente alejadas de su concepto ortodoxo, ya que por ningún lado se observa el ascenso al poder de los trabajadores, la vigencia de la democracia, la redistribución de la tierra, o el control del Estado sobre los medios de producción y el sistema financiero. Por el contrario, en estos cinco años, la banca y la gran industria, en manos privadas, han reportado el mayor crecimiento de sus ganancias. Quizá lo revolucionario esté en la composición del gobierno, al cual de a poco fueron trepando una variada gama de actores políticos. Ahí, juntos y revueltos están personajes vinculados a la extrema derecha, a la izquierda light, tecnócratas, empresarios, boys scouts, ciertos ex insurgentes que hace años colgaron los guantes y que hoy sin reserva declaran su amor a quien “no es perfecto más se acerca a lo que simplemente soñaron”, socialdemócratas, defensores de DD.HH. en servicio pasivo, reformistas, dirigentes (sin) obreros, unos cuantos académicos, movimientos rockeros, ambientalista, feministas, y un sinfín de oportunistas a quienes se compró su lealtad a cambio de dádivas o entregándoles una pequeña parcela en la pirámide del poder. Se los puede observar cómodamente instalados en embajadas, consulados, ministerios y entidades públicas: IESS, Secretaría de Pueblos, Senagua, Seguro Campesino, Senecyt… En realidad no se puede acusar a este gobierno de haberse desviado del socialismo porque nunca transitó ese sendero. Sin embargo, el uso maniqueo, prostituido, de ese concepto ha permitido a los sectores reaccionarios -herederos de la derecha putrefacta- desprestigiar esa tendencia que podía haber sido una alternativa histórica.      

Se dice que para dar muestras de fortaleza e infundir temor el poder necesita de enemigos a quienes aplastar. Al no tener contradictores reales ha debido inventarlos. A su tiempo fueron los indígenas, alguno que otro banquero, la izquierda infantil, las gorditas horrorosas, los maestros, la policía, los medios de comunicación. Como estos -a más de reportarle millonarias ganancias con truculentas demandas- no reúnen el peso necesario, para glorificar su imagen ha debido echar mano hasta de chambonadas como el 30S, episodio del que salió con el orgullo maltrecho y el reconocimiento de que el poder sin la milicia no es posible sostenerlo. Parte de esta tragicomedia que vive la nación son las sabatinas, culebrones creados para soliviantar a sus huestes con piruetas verbales (“primero muerto antes que perder la vida”), improvisaciones de canto, baile, melodramas, y de plato fuerte: una incontenible descarga de acusaciones, descalificaciones, amenazas e insultos contra todo lo que se asemeje a oposición. 

Parece un desgaste innecesario listar las obras o acciones que podrían considerarse positivas durante este lustro si lo fundamental, la democracia –con todas las imperfecciones y limitaciones que impone el capitalismo-, cada vez sufre mayor debilitamiento. No podemos cerrar los ojos e ignorar que nos gobiernan personas sin ningún espíritu democrático, para quienes la Constitución y las leyes, que ellos mismo impulsaron, son veleidades que no merecen ser observadas si se convierten en obstáculo para lograr sus fines; individuos dispuestos a pisar cuanto se atraviese en su camino o amenace su control absoluto del poder, ya que quienes lo detentan, como dice un escritor peruano “…quieren más poder, tienen miedo a perderlo, se desvelan por no perderlo, recurren con frecuencia a toda clase de trampas, ruindades y abyecciones para perpetuarse y extender su dominio sobre los otros, los que miran las noticias sin aparecer en ellas”.

Frente a este nefasto panorama, urge conformar un gran frente nacional por la democracia y los derechos. Aunque suene a expresión común, es hora de la unidad de los sectores progresistas, de la renuncia a intereses y cálculos mezquinos. Existe una enorme corriente de ciudadanos cansada de tanto atropello y cinismo, que no encuentra en donde depositar su inconformidad ni quien la lidere. En la coyuntura actual la vieja táctica de no descubrir las cartas hasta el final del juego simplemente no funciona, pues mientras la oposición continúa dando golpes al vacío, el caudillo sigue acumulando poder, en tanto que la derecha está a la espera de pescar a río revuelto. No debemos olvidar que la izquierda y los sectores sociales tienen una gran deuda con el pueblo.  






viernes, 10 de febrero de 2012

La Crónica, Hornitorrinco de la Prosa

Entre la Literatura y el Periodismo
Por: Juan Villoro

La imposibilidad de ser objetivo y la necesidad de contar lo que no ocurrió, pero pudo haber sucedido, son algunos aspectos que aparecen en este ensayo, que forma parte del libro Safari accidental, publicado recientemente en México por la editorial Joaquín Mortiz

http://www.lanacion.com.ar/773985-la-cronica-ornitorrinco-de-la-prosa

martes, 24 de enero de 2012

La maldad del servilismo



Silvio Méndez Navarrete

Contrarrevolucionario es aquel que lucha contra la revolución, también aquel que aprovechando su influencia adquiere una casa, luego dos carros, luego viola la Constitución, llegando a tener todo lo que no tiene el pueblo”.  Che Guevara 


La Tiranía puede ser impuesta por conquista de ejército extranjero o por engaño, traición de una facción política aprovechando situaciones específicas para amarrar permanentemente el poder sobre el pueblo. Una vez comenzada la tiranía, la permanencia de esta es permitida, apoyada por incidencia del hábito que rápidamente acostumbra al pueblo a la esclavitud. La naturaleza del ser humano de ser libre es vencida por la fuerza de la costumbre.


El despotismo va en contra de los intereses de la mayoría, este es establecido con propaganda dirigida a la población por el gobernante y sus seguidores: Pan y circo de mistificación ideológica para engañar las masas, ganar su consentimiento. El papel que juega la empresa privada y burócratas del Estado que se benefician del tirano, es otro factor crítico no siempre detectado y reconocido como factor cooperante de la tiranía. Por más que el Estado cometa errores, estos no lo son desde el punto de vista de sus aliados, son oportunidades para aumentar su poder, influencia, ganancias económicas.


Esto descubre, en mi opinión, la fuente principal, el dominio, apoyo y fundamento de la tiranía. Para algunos no parecerá creíble, sin embargo verdad, que son cuatro, cinco individuos los que mantienen al dictador, mantienen la nación en sujeción, tienen acceso a los oídos del tirano, quien los escoge para que sean sus consejeros, cómplices en la crueldad, compañeros en los placeres, procuradores de sus deseos impuros y socios en sus delitos. Manejan la situación a tal perfección, que las aberraciones de estos socios, son inculpadas en el tirano.


Estos tienen a cientos que se enriquecen bajo sus órdenes, usados para cumplir las ordenanzas de su amo. Al mismo tiempo estos cientos mantienen a miles, a quienes promueven en rango, sirviendo como instrumentos de la avaricia y la crueldad, ejecutando órdenes que mantengan el desastre por todas partes, estando siempre protegidos de la ley y el castigo. Las consecuencias de esto son fatales. Estos miles de personas tienen bajo ellos cientos de miles, que también cuelgan del cordón umbilical del tirano al que todos están amarrados. De esta forma, por medio de favores pequeños y grandes, grandes y pequeñas ganancias, es que encontramos que para muchos es ventajosa esta tiranía, tantos como para las que libertad es lo deseado.


Cuando un gobernante se convierte en tirano, los delincuentes del país sedientos de ambición y extraordinaria avaricia, lo rodean y apoyan para compartir el botín, constituirse en pequeños jefes bajo el mando del gran tirano. Es la práctica de notorios ladrones y famosos piratas: unos saquean el país, otros persiguen, espían, ponen emboscadas, cometen robos, crímenes, todos en diferentes rangos, siendo algunos solo serviles, otros jefes de cliques, pero con el sentimiento de que si no todos comparten del gran botín, tienen la esperanza de conseguirlo.


El déspota subyuga a sus dependientes, algunos por medio de otros, protegiéndose así de los que si fueran gente honrada, tendría que cuidarse de ellos. Las personas que sirven al tirano para ganar favores de su tiranía, actúan con maldad, pero disminuyen su libertad, volviéndose además odiados por la población que goza de mayor libertad que ellos. Los serviles deben obedecer órdenes del tirano, anticipar sus deseos y aceptarlos como propios, abandonar sus propios intereses, distorsionar su carácter, corromper su naturaleza, interpretar su palabra, sus gestos, mirada y responder a sus deseos y pensamientos. Situación intolerable no pertenecerse a uno mismo.


Olvidan la gran cantidad de personas que un tiempo gozaron del favor del tirano, luego sufrieron su ira, su desprecio, dando así fe a la poca importancia que el tirano da a la amistad. Recordemos la historia de cómo Nerón amaba a su esposa Popea, sin embargo por una torpeza la envenenó. Mató a su madre Agripina, aun después que esta mató a su padre para llevarlo al poder. El emperador Claudio de la misma forma mató a su esposa Mesalina. La estupidez de un tirano lo hace incapaz de ser benevolente, demuestra su maldad y manifiesta su corta inteligencia.


La verdad es que el tirano nunca es realmente amado ni tampoco ama. La amistad es algo sagrado que se desarrolla entre personas de carácter, crece por mutuo respeto, florece no tanto por amabilidad como por sinceridad. Su garantía es integridad, honor y constancia. No puede haber amistad donde hay crueldad, infidelidad, injusticia, conspiración, miedo. Un tirano y un servil no son amigos, son cómplices. 

http://foroanzoategui.blogspot.com/2011/08/despotismo-tirania-servilismo.html

lunes, 23 de enero de 2012

Entre el abuso y la indiferencia

Se acerca la campaña electoral y la “revolución ciudadana” invoca el favor popular para una futura reelección del caudillo, promocionando nuevas carreteras, algunos remozados hospitales, unas pocas escuelitas del milenio, dos o tres puentes, y una larga fila de infortunados beneficiarios de un bono de treinta y cinco dólares, llamado de “desarrollo humano", con los cuales dice la propaganda oficial, se ha sacado de la extrema pobreza a miles de compatriotas. Además, se recurre a los números para hacernos acuerdo que ningún gobierno en la historia de la república “invirtió” tanto en el sector social, que nunca los hospitales atendieron a tanto enfermo, que se incrementaron cientos de plazas de policías, que se repartieron incontables sillas de ruedas, y su logro máximo, una nueva Constitución, hoy vista por sus autores como demasiado restrictiva para sus intereses totalitarios, de ahí que en tan poco tiempo sea la más violada en nuestra historia republicana.



Junto a la promoción del cuestionando desempeño gubernamental, la estrategia “revolucionaria” pretende sacar ventaja del natural pesimismo nacional alentado por una década de inestabilidad política. Para ello, durante cinco años la verborrea oficial, utilizando todos los medios, se ha encargado de desprestigiar a los partidos y sus dirigentes, hasta vaporizarlos, pretendiendo llenar ese espacio con el movimiento oficialista, un membrete que sirve para cumplir formalismos legales y darle un barniz aparentemente democrático al liderazgo del caudillo. Es de esperarse que para la enésima campaña en este período se convocará a una “convención” partidaria, en donde por aclamación las huestes “revolucionarias” elegirán como candidato a nuestro Kim criollo, quien ante la presión de sus fanáticos no tendrá otra opción que sacrificarse nuevamente por el bien del país y de los pobres, a los que tanto ama.


Muchos se preguntan ¿qué es lo que realmente persiguen quienes dirigen este proyecto con tanta vehemencia, de forma delirante, al punto que no les importa acabar con la democracia y las más elementales libertades? La respuesta es de una simpleza brutal: poder. Y con el poder el manejo de los recursos del Estado. Exactamente lo mismo que bajo diversas formas han buscado todos los regímenes totalitarios del planeta. El somnífero aplicado a través de la cansona propaganda pretende hacernos creer que el descontrolado gasto presupuestario se está invirtiendo en la redención de los pobres y en el ferviente deseo de servicio a la patria. Pura falacia, los pobres que pese a los artificios estadísticos constituyen más de la mitad de la población, seguirán sumidos en esa profunda fosa de miseria y marginalidad donde muchos por generaciones sobreviven y de la que no se les permite salir ya que sin pobres no funciona el populismo y sin populismo no tiene eco la retórica caudillista. Bien conocido es que esta clase de regímenes priorizan el gasto clientelar que asegura el voto emocional de las masas por sobre la inversión que, a futuro, sustente el desarrollo mediante el fomento y la diversificación de producción.


Factores mencionados como la propaganda y la política clientelar han logrado sumir en el letargo a la masa, a quien -al menos por ahora- poco importa el rumbo que ha tomado esta “revolución” cuyos tentáculos controlan la Asamblea, un escenario de marionetas, cuya única función es levantar la mano cada vez que les ordenan aprobar una ley; una Función Judicial timorata, plagada de jueces mediocres dispuestos a satisfacer los designios del poder mediante actuaciones vergonzosas carentes de juridicidad; la autoproclamada Corte Constitucional salpicada por escándalos de corrupción, en cuyas manos la Constitución corre más peligro que niño al cuidado de un pederasta; el Consejo Electoral, dirigido e integrado por militantes sin carné del movimiento oficialista; además de una larga lista de organismos del Estado, todos bajo el control intimidatorio de quien se dice jefe de todas las funciones. Así las cosas, se explica por qué nadie fiscaliza, por qué los grandes contratos se entregan sin concurso, bajo declaratorias de emergencias o régimen especial, o que a través de contratos crediticios de usura, manejados como secretos de Estado, se haya hipotecado nuestro principal recurso -el petróleo- al imperio asiático. A propósito de esto, con excepción de unos pocos, a casi nadie le interesa conocer quiénes salieron beneficiados con estos negocios, qué papel jugaron los diligentes Ministros “ejecutores” del régimen, quién se llevó el “fee”, si las negociaciones se hicieron en forma transparente, si se pagó el justo precio por las obras, o si las empresas orientales impuestas por el prestamista pusieron el precio que les dio la gana. 


Imagínense, si cosas materiales, tangibles, no interesan al hombre de la calle, menos puede preocuparle el quiebre democrático a que conduce el deterioro de la institucionalidad, la restricción de las libertades y la penalización de la protesta. Democracia, es un concepto impreciso, vago, que por obra y gracia de la desconcientización a que ha conducido la “revolución ciudadana”, está inexplicablemente en contraposición con la acción ejecutora del gobierno. Ella, dice la clientela populista, no construye carreteras, escuelas, hospitales, menos les da de comer, lo que por el contrario, aparece como un logro del nuevo Mesías, cuya figura se exalta día a día, sábado a sábado, en costosísima propaganda y espectáculos circenses, al que es convocado el devoto pueblo para escuchar una liturgia plagada de insultos y descalificaciones.  





miércoles, 18 de enero de 2012

Las ambivalencias de la democracia


Hoy nadie duda de que Estados Unidos es una democracia consolidada y que, no sin necesidad de grandes luchas, las mayorías nacionales fueron incorporándose al sistema político. De hecho, sigue siendo un modelo de articulación entre democracia y liberalismo, dos términos siempre en tensión. El poder del dinero y del lobbying, junto con las restricciones que aún se mantienen sobre los pobres y los nuevos inmigrantes, dejan en evidencia las contradicciones que persisten entre el gobierno del pueblo y el gobierno de las corporaciones.